Siesta
Te encontraba dormitando cada vez sobre tu ruidosa penumbra involuntaria. Caminando en tus pestañas, el sigiloso mundo te esperaba despertar. Estás en esta sala azotada por tragaluces, sentado, haciendo un silencio cercano a tu bostezo. Te miro; soy memoria de tus hábitos no vistos, futuro espejo de las caídas impropias. Te miro, siesta-hombre; río seco. Puente recortado. De ahí, con la mirada salgo. Te guardo fuera del tiempo. Te separo de las cualidades muertas de la tierra, de mis dones, que seguirán durmiendo hasta que llegue un momento impreciso en el que tu siesta despierte y tú a ella la mires envejeciendo.