Ir al contenido principal

Entradas

Destacado

Siesta

Te encontraba dormitando cada vez sobre tu ruidosa penumbra involuntaria. Caminando en tus pestañas, el sigiloso mundo te esperaba despertar. Estás en esta sala azotada por tragaluces, sentado, haciendo un silencio cercano a tu bostezo. Te miro; soy memoria de tus hábitos no vistos, futuro espejo de las caídas impropias. Te miro, siesta-hombre; río seco. Puente recortado. De ahí, con la mirada salgo. Te guardo fuera del tiempo. Te separo de las cualidades muertas de la tierra, de mis dones, que seguirán durmiendo hasta que llegue un momento impreciso en el que tu siesta despierte y tú a ella la mires envejeciendo.

Últimas entradas

Un naufragio

Disertaciones en el falso muelle

Matemáticas básicas

Mapa del Instante

Carta a Rodrigo (2)

Carta a Rodrigo (1)

Malasaña

Breve canto a la muerte del día

Ultimátum

Epílogo del mundo