Siesta

Te encontraba dormitando

cada vez

sobre tu ruidosa

penumbra involuntaria.

Caminando en tus pestañas,

el sigiloso mundo

te esperaba despertar.

Estás

en esta sala

azotada por tragaluces,

sentado, haciendo

un silencio cercano

a tu bostezo.


Te miro;

soy memoria

de tus hábitos no vistos,

futuro espejo

de las caídas impropias.

Te miro,

siesta-hombre;

río seco.

Puente recortado.

De ahí,

con la mirada

salgo.


Te guardo fuera

del tiempo.

Te separo

de las cualidades muertas

de la tierra,

de mis dones,

que seguirán durmiendo

hasta que llegue

un momento impreciso

en el que tu siesta

despierte

y tú a ella

la mires envejeciendo.

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