Un naufragio
Esto busca
sin triunfos;
no está visto
en los hogares encendidos.
Está aquí,
líquido
edificio de vergüenza,
ajenidad
en lo propio,
dígitos de sal
en las pieles.
El jardín de agua
nos pensaba despiertos.
Conciliaba
la idea necia
de nuestro sacrificio
y miraba
la juventud desnuda
deslizándose
por las cortinas
que ciegan
todas las ventanas.
Pensábamos encontrar
algo.
Emigrar al silencio.
Ocultar
apenas lo justo
para dormir
intranquilos.
Pensábamos caer,
diminuto abismo
de fruta amarga,
cajones de madera,
tempos cruzados
chocantes
de mi sed huraña
que se niega
a la saciedad.
Crecemos de pie
sobre un aire impostor;
cataratas de hilo
tejiendo puentes rotos
sobre saturno,
esperando recibir
un telegrama
sobre algo
nuevo y rebuscado.
Aquí
buscamos lo evidente,
sin encontrar
menos que nada,
algo que nos envidie
y nos sostenga.
Aquí buscamos
una mentira apacible
que nos haga
más sensuales
y listos
para recibir,
dormidos,
el baile oculto
de mi desierto isla.
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