Decálogo de Martínez

                                                                                        A Rodrigo,

                                                                                        la máquina desconcertada.

1.

Una lista

que contuviera

el determinado orden

de todo esto que brilla

por su renombrada ausencia;

el amor es escultura

que dos andamios innecesarios

sostienen.

2.

Toda objeción es imprecisa.

Miro

con los ojos entreabiertos

el acontecer de una palabra nueva;

no habré de nombrarla

hasta dominarla

casi por completo,

por lo menos

hasta que su filo creciente

me permita usarla

como arma.

3.

La cama resulta

invención inútil ante

la espera corta;

un momento

$\hspace{2cm}$ se desliza

entre mis dedos mortales.

Todo lo que toco

es barro.

Todo lo que me busca

es joyería imperfecta.

4.

Las máquinas. Adorables,

terribles máquinas,

nos miran de vuelta.

Todos los cables,

rotaciones de motores,

dedicatorias

a la máquina desconcertada.

Confundida,

hace lo que puede

por descubrir algo.

5.

En la isla

de la hipérbole

existen

las cosas más grandes

de todo el mundo.

Es confuso

ser diminutos,

pulgas

en el hemisferio

de lo gigante y torpe.

6.

Espejo;

elevador que reproduce

la imagen

de nuestras falsas caídas.

Un hombre

que son dos

se encuentra

suspendido en el aire

para siempre.

Espera su pronto rescate.

7.

Un árbol.

Un soliloquio en el río.

Numerosas coplas al agua.

Somos

lo que es

antes de romperse.

8.

La meditación

insulta

los tranquilos cuestionamientos,

tan idos desde mí;

encontrados en todas

partes.

Vuélvelo a encontrar

en cada cruel

palabra tosca.

9.

Un bocado

de este eterno desayuno

reproduce su imagen

como un fractal reservado;

todo avistamiento

del mañana

será compartido

hoy.

10.

Remamos

como quien mira

las campanas de una

catedral motorizada;

vivimos

a la sombra

de nuestros mundos

perdidos.

10/08/26

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