Nota sobre Estela
Todo sobre Estela me cuenta una
historia de infancia. Ni siquiera me refiero a deducciones sobre su trasfondo
familiar, más bien encuentro en ella una redención a lo perdido; nada he
perdido más que la sensación permanente de sentirlo todo ajeno.
Estela vive, a la vez que algunos
duelos, un explosivo y cauteloso autodescubrimiento, como lo hace un niño que
acaba de ser atacado por su propia noción del paso del tiempo.
No hace mucho tropecé con la idea
de las crayolas; Estela escribe su destino con un crayón en la mano, en el
mejor y más determinante sentido posible.
Es una mujer que hace muchas
preguntas, todas igual de valiosas para incentivar al que esté siendo
cuestionado a preguntarse lo mismo. En el ejercicio de explicar algo, se pierde
lo descartable y se conserva lo esencial, como una suerte de duelo exprés realizado
involuntariamente hacia el conocimiento de uno mismo.
Estela me entregó la oportunidad
de redescubrirlo todo. Al parecer llegó a mi vida para hacer las preguntas
sencillas (y fundamentales) que no puedo hacerme, por divagar compulsivamente
en terrenos de suma dificultad.
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